jueves, 21 de mayo de 2009

Un Esbozo Autobiográfico por H. P. Lovecraft.

Extracto de una carta a R. Michael fechada el 20 de Julio, 1929.

Por mi parte, las condiciones bajo las cuales escribo - Temo que es un tema poco importante, ya que de hecho soy un individuo mediocre y poco interesante a pesar de mis gustos raros, y difícilmente he producido algo que pueda llamarse verdadera literatura. Sin embargo - aquí tiene un poco de información.

Soy una criatura prosaica de mediana edad, cumplo 39 años el día 20 del mes próximo - originario de Providence, con bases de la vieja Rhode Island por parte de mi madre y mas estrechamente inglés por parte de mi padre. Nací en lo que entonces era la Orilla Oriental del distrito establecido, así que podía mirar hacia el oeste y sus calles pavimentadas y hacia el este hacia los campos verdes, árboles y valles.

Al tener la herencia de terratenientes, miraba al este con mas frecuencia que al oeste; así que hasta el día de hoy soy tres cuartos rústico.

En este momento estoy sentado en una zona arbolada sobre el brillante río que mi mirada más temprana conoció y amó. ¡Esta parte del mundo de mi niñez permanece inalterada porque es parte del sistema del parque local - doy gracias a los dioses por guardar intactas las escenas que mi imaginación infantil poblaba con faunos, sátiros y dríadas!

Mi gusto por las cosas raras empezó muy temprano, porque siempre he tenido una imaginación tumultuosamente desenfrenada. Le tuve miedo a la oscuridad hasta que mi abuelo me curó haciéndome atravesar por la noche cuartos vacíos y corredores; tenía la tendencia a tejer fantasías alrededor de todo lo que veía. Muy temprano, también, empezó mi gusto por las cosas viejas, y sigue siendo una parte importante de mi personalidad.

Providence es un pueblo antiguo y pintoresco, construido originalmente en la ladera empinada en la que todavía se enrollan las sendas estrechas de tiempos coloniales, puertas en abanico, dobles barandillas de hierro, y afiladas agujas Georgianas. Este precipicio vertiginoso y antiguo, queda en la ruta entre las secciones de residencia y negocios; de los atisbos infantiles adquirí una fascinada reverencia por el pasado - la época de pericos, los sombreros de tres picos y libros de cuero con largas f's.

Mi gusto por esto último [Los libros. Nota del traductor] fue aumentado por el hecho de que había muchos en la biblioteca familiar - la mayoría de ellos en el ático sin ventanas al que tenía miedo de ir solo, ese terror aumentó para mí el encanto de los volúmenes arcaicos que encontré y leí allí.
Lo raro siempre me cautivó mas que cualquier otra cosa - desde siempre. De todos los cuentos que nos contaban en la infancia la erudición del hada y la bruja y leyendas de fantasmas me dejaron las impresiones más profundas. Empecé a leer bastante joven - a los cuatro años - y los Cuentos de Hadas de los Grimm fueron mi primera lectura continua. A los cinco años leí las Noches árabes, y quedé totalmente esclavizado. Hice que mi madre arreglara una esquina árabe en mi cuarto - con pendientes apropiados, lámparas, y objetos d'art comprados en nuestro "Bazar de Damasco" local - asumí la denominación ficticia de Abdul Alhazred; un nombre que he acariciado desde entonces caprichosamente, y que he usado recientemente para designar al autor del mítico Al Azif o Necronomicon.

Aproximadamente a los seis años me sintonicé a la mitología grecolatina, llevado gradualmente por el "Libro de la Maravilla" de Hawthorne y "Cuentos de Tanglewood", y por una copia perdida de "La Odisea" la leyenda de la Harper's Half-Hour. En seguida desmantelé mi esquina de Bagdad y me volví un romano - me enfoqué en "la Edad de Fábula" de Bulfinch y frecuenté los museos de arte clásico aquí y en Boston. En esta época inicié mis crudos esfuerzos en la literatura. Sabía leer en papel - con caracteres impresos - pero no intenté ninguna composición original hasta mi sexto cumpleaños, cuando adquirí dolorosamente el arte de la escritura a mano. Curiosamente, el primer material que escribí fue un verso; siempre había tenido oído para el ritmo, y tuve muy temprano un libro viejo "la Composición, Retórica, y los Números Poéticos" impreso en 1797, usado por mi tatara-tatarabuelo en la Academia de Greenwich Oriental aproximadamente en 1805.

El primero de esos versos infantiles que puedo recordar es "Las Aventuras de Ulises" o, "La Nueva Odisea", escrito cuando tenía siete años. Empezaba así:
"The night was dark, O reader hark! and see Ulysses' fleet all homeward bound, with vict'ry crown'd, he hopes his spouse to greet. Long he hath fought, put Troy to naught, and levell'd down. But Neptune's wrath obstructs his path, and into snares he falls."

La mitología era en ese entonces la sangre de mi vida, y yo casi creia en las deidades griegas y romanas - imaginando que podía ver faunos, sátiros y dríadas al crepúsculo en esos bosquecillos de robles donde ahora estoy sentado. Cuando tenía casi 7 años, mi imaginación mitológica me hizo desear ser - no solamente ver - un fauno o un sátiro. ¡Intentaba imaginar que las puntas de mis orejas comenzaban a volverse puntiagudas, y que el rastro de cuernos incipientes empezaban a aparecer en mi frente - y amargamente lamenté el hecho de que mis pies eran bastante lentos para convertirse en cascos! De todos los jóvenes paganos, yo era el menos regenerado.

La escuela dominical - a la que me enviaron a los cinco años - no dejó impresión alguna en mí; (aunque amé la vieja gracia Georgiana de la iglesia hereditaria de mi madre, la majestuosa First Baptist, construida en 1775) y asusté a todos con mis pronunciaciones paganas - al principio llamándome un mahometano y luego un pagano romano. De hecho construí altares de madera para Pan, Jove, Minerva, y Apolo, sacrifiqué objetos pequeños en medio del olor del incienso. Cuando, un poco después, fui forzado por el razonamiento científico para desechar mi paganismo infantil, me volví un ateo y materialista absoluto. Desde entonces he prestado mucha atención a la filosofía, y no encuentro ninguna razón válida para cualquier creencia en cualquier forma de lo espiritual o sobrenatural.

El cosmos es, en toda probabilidad, una masa eterna de patrones y fuerzas cambiantes, entrelazadas mutuamente, del que nuestro universo visible, nuestra tierra diminuta y nuestra endeble raza de seres orgánicos, son un incidente momentáneo y despreciable. Así que mi concepción seria de la realidad está dinámicamente opuesta a la posición fantástica que asumo como esteta. En estética, nada me interesa tanto como la idea de suspensiones extrañas de la ley natural - las visiones fugaces de espantosos mundos antiguos y dimensiones anormales, y débiles chirridos salidos de abismos desconocidos en el margen del cosmos desconocido. ¡Creo que este tipo de cosas me fascinan más porque no creo una palabra de ellas!

Bueno - Empecé a escribir cuentos de misterio a la edad de 7½ u 8 años, cuando tuve el primer vistazo de mi ídolo Poe. Era material malo, y destruí la mayoría; pero aún conservo dos especímenes de risa que redacté cuando tenía 8 años - "The Secret of the Grave" y "The Mysterious Ship". No escribí historias aceptables hasta que cumplí los 14. A la edad entre 8 y 9 años, mis gustos sufrieron un cambio abrupto, enloquecí por la ciencia - la química en especial. Tuve un laboratorio en el sótano, gasté toda mi mesada en instrumentos y libros de texto. Esos caprichos fueron complacidos por mi madre y mi abuelo (mi padre ya había muerto), ya que fui muy enfermizo - casi un inválido nervioso.

A los 7 años tomé el violín, pero lo abandoné aburrido 2 años después y desde entonces no tengo buen gusto musical. No pude asistir demasiado a la escuela, pero fui instruido en casa por mi madre, tías, abuelo y después por un tutor. Tuve etapas en escuelas aquí y allá, y me las arreglé para asistir a la high school por 4 años - aunque la solicitud me dio tal crisis nerviosa que no pude asistir a la universidad. De hecho, no he tenido un breñal decente hasta hace unos 8 o 9 años - sin embargo, ahora, extrañamente, ¡parece que me convierto en un delgado y rudo pájaro viejo!

Mi etapa juvenil enfocada a la ciencia tuvo una duración considerable; aunque continué con mis intentos literarios al mismo tiempo, también disfruté de las travesuras como cualquier chiquillo. No me interesaban los juegos ni los deportes, tampoco hoy - pero me gustaban formas de entretenimiento como los elementos de la personificación dramática; guerra, policía, forajidos, ferrocarriles, etc. De la química me cambié poco a poco a la geografía y al final a la astronomía, lo que estaba destinado a esclavizar e influenciar mi pensamiento mas que cualquier otra cosa que haya encontrado jamás. Obtuve un pequeño telescopio, - el cual aún conservo - y empecé a escribir en gran volumen acerca de los cielos. Aún tengo algunos de mis viejos manuscritos, y una copia hectográfica de mi periódico juvenil "The Rhode Island Journal of Astronomy". Al mismo tiempo mi curiosidad de anticuario se hizo mas y mas enfática.

Al vivir en un pueblo antiguo en medio de libros antiguos, evoqué a Addison, Hope, y al Dr. Johnson como modelos en la prosa y verso; y literalmente viví en su mundo de peluquines, sin conocer el mundo del presente. Cuando tenía 14 años mi padre murió; y en el caos financiero resultante el lugar de mi nacimiento fue vendido. Esta privación doble me causó un estremecimiento de melancolía y me costó mucho trabajo deshacerme de ello; tengo muchos enlaces geográficos, y adoro cada pulgada de la casa y los campos como parques y los cimientos pintorescos, además del establo en penumbras donde pasé mi juventud. Tuve una gran esperanza de comprar la casa para "cuando me volviera rico" - pero hace años vi que carecía totalmente de instintos adquisitivos y la habilidad necesaria para el éxito monetario.
El comercialismo y yo no hablamos el mismo idioma, y desde el lúgubre año de 1904 mi historia ha sido de creciente encogimiento y reducción.

Hasta la muerte de mi madre teníamos un apartamento cerca de la vieja casa. Entonces llegaron las enfermizas excursiones al mundo, incluyendo dos años en New York, donde aprendí a odiarlo como veneno. Hoy tengo un cuarto en un tranquilo remanso Victoriano en la cima de la Vieja Colina de Providence, - En un viejo vecindario que se ve precisamente como la zona residencial de una villa somnolienta.
Mi tía más grande - con una salud frágil e incapaz de mantener un hogar - tiene un cuarto en la misma residencia; los dos tenemos los mismos viejos muebles de la familia, pinturas y libros (los cuartos son muy amplios) hay mucho de esa vieja atmósfera por aquí.
Sabiendo que nunca seré rico, debo estar satisfecho si me puedo quedar aquí el resto de mis días - en un lugar tranquilo como en mis mejores días, y a una corta distancia de los bosques, campos, y ríos que recorrí en mi niñez. Mi principal ocupación remunerativa es la revisión profesional de la prosa y el verso de otros escritores - una tarea que odio; pero más digno de confianza que los riesgos de la redacción original, cuando uno no produce obras populares y de fácil venta.

Escribo mis historias cuando tengo la oportunidad, lo que no sucede tan frecuentemente como desearía. Siempre que es posible, llevo mis obras al aire abierto en una caja de cuero negro - algunas veces hasta mi querida rivera arbolada del río, y en ocasiones hasta el salvaje campo abierto del norte de Providence. Mi única actividad recreativa es el viaje de anticuario - visitar otros pueblos antiguos y estudiar ejemplos de la arquitectura colonial. Mi escueto portamonedas hace que mis excursiones sean tristes y limitadas, pero aún así, me las he arreglado para cubrir territorio histórico desde Vermont a Virginia en los últimos años.

Lo primero que me publicaron fue una serie mensual de artículos astronómicos en un diario local. En ese entonces tenía dieciséis años, Y sí que me sentí importante. Pero ya empezaba a dudar de mi habilidad para la ficción, y me enfoqué en el verso. A los 18 decidí que no podía escribir historias, y quemé todos mis cuentos con la salvedad de algunos grotescos experimentos infantiles y dos de mis trabajos posteriores - "The Beast in the Cave" y "The Alchemist". No lo lamento, ya que el material era detestablemente inmaduro. ¡Lo que me hace sentir ridículo es que tomaba en serio mis textos en verso - porque a decir verdad jamás fui o seré un verdadero poeta!

Mis ilusiones se mantuvieron porque entonces era casi inválido y recluso, así que no recibía una gran cantidad de crítica saludable. A los 24 me uní a una sociedad literaria de aficionados a cuyas actividades me dirigía por correspondencia; y por ese medio aseguré un coraje muy valioso y sugestivas críticas. Deseo que esa organización sea tan vigorosa hoy como entonces - desafortunadamente está moribunda, mas allá de los poderes ordinarios de resurrección. Mis ambiciones, que habían caído desde la ciencia hasta la literatura se tornaron claras cuando mi salud no me permitió el duro trabajo de la solicitud de la investigación astronómica o química, y se hicieron aún mas claras; fui obligado a ver poco a poco que la prosa y no el verso era mi medio por derecho. Al mismo tiempo las mas destacadas excentricidades del siglo 18 comenzaron a desaparecer de mi estilo.

En 1916 dejé que uno de los editores aficionados de mi grupo literario publicara uno de los dos cuentos que había salvado del holocausto de 1908; e inmediatamente después un amigo me dijo que la ficción misteriosa era mi único y verdadero fuerte - el único punto en el que no tuve oportunidad de tener un verdadero contacto con un genuino logro artístico.
Al principio me sentí incrédulo, ya que desconfiaba del valor de mis historias; pero persuadido decidí intentarlo nuevamente después de mi silencio en la ficción de nueve años. El resultado fue "The Tomb" y "Dagon", escritos respectivamente en Junio y Julio de 1917. Casi temía que mi rusticidad como relator harían de mis recientes intentos algo inútil, pero pronto se aseguró que sobrepasaron en gran medida los 2 cuentos sobrevivientes de mi juventud.
Entonces empecé con sinceridad, un gran número de historias nuevas de las cuales conservo 7/8. No tenía conocimiento de un mercado profesional firme hasta que "Weird Tales" fue fundada - y aún tengo dudas de que otra publicación periódica pueda soportar mi material.

No es tan malo, a un lado de la basura impronunciable que conforma a los concursos de "W.T.", pero me temo que no se mantendrá su consideración como literatura - a su lado, la verdadera literatura como el trabajo de Poe, Machen, Blackwood, James, Bierce, Dunsany, de la Mare, y demás. El más grande honor que he recibido hasta ahora, es una mención con tres estrellas y una nota bibliográfica en "Las Mejores Historias Cortas de 1928" de O'Brien - por mi relato "Colour Out of Space".

Bueno - ¡eso es todo lo que hay sobre mí! ¡No es mucho, pero verá que tan parlanchín se pone un vanidoso hombre viejo cuando alguien le provoca para hablar de sí mismo!
Soy esa clase de tipo - un cínico y materialista con gustos clásicos y tradicionalistas; que siente cariño por el pasado, sus reliquias y sus maneras, convencido de que la única búsqueda válida de un hombre sensato en un cosmos sin propósito es la búsqueda del gusto y el placer inteligente promovido por un pensamiento vital y una vida imaginativa. Porque no creo en los valores absolutos, Acepto los valores estéticos del pasado como los únicos puntos de referencia disponibles - los únicos valores relativos que se pueden aplicar - dentro de un universo que de otra manera resulta perplejo e insatisfactorio.

Es por eso que soy ultra conservador socialmente, artísticamente y políticamente, aunque también en extremo modernista a pesar de mis 39 años, en todos los asuntos de la ciencia pura y la filosofía. Amo la libertad ilusoria de los mitos y los sueños; Soy devoto de la literatura de mi escape; pero del mismo modo amo el ancla tangible del pasado, coloreo mi pensamiento con tonos de anticuario.
Mi periodo moderno favorito es el siglo 18; Mi periodo antiguo favorito es, el viril mundo de la pulcra república de Roma. Nunca me interesó la edad media - aún con la magia y sus leyendas, esa monótona era me parece demasiado ingenua para ser realmente convincente.
Al enfocarme en mi amor por salirme del mundo real hacia un mundo imaginario, tiendo a preferir la noche al día cuando no estoy en el campo abierto. En concordancia, mis horas en casa son terribles y maravillosas a la vez - usualmente me levanto al atardecer y me acuesto en la mañana.
Rara vez salgo tarde - y rara vez me levanto temprano. En invierno prácticamente hiberno, soy anormalmente sensible al frío. ¡Aún un ligero fresco me entumece! En contra parte, no conozco el calor. ¡Comienzo a tensarme a los 95 a la sombra!

Después de lo dicho soy una especie de ermitaño, como lo fui en mi juventud. La mayoría de mis socios literarios - una "pandilla" afín de los que reconocerán algunos nombres en el índice de W.T. (Frank Belknap Long Jr., Donald Wandrei, Clark Ashton Smith, H. Warner Munn, Wilfred B. Talman, August W. Derleth, etc., etc.,) - viven en otros lugares, y yo me estoy poniendo demasiado viejo como para disfrutar la conversación sobre otros temas que no sean mis favoritos.
La vejez me reclamó temprano. Temperamentalmente soy el mismo de hace 20 años, como lo seré dentro de 20 años, si sigo vivo. En cuanto a la literatura - usualmente sé lo que quiero decir antes de empezar un nuevo relato, pero muy frecuentemente cambio la trama a la mitad del camino si el trabajo presente me lo sugiere. Hago la redacción a manuscrito - Ni siquiera puedo pensar al tener una maldita máquina frente a mí - y corrijo todo minuciosamente.
La rapidez con la que escribo no se debe a la publicación se debe al lento movimiento precautorio cuando me enfrento a una prosa con intenciones serias. Le dedico gran atención a los detalles, incluido el ritmo, tono y color; sin embargo mi puntería se enfoca por la mayor simplicidad posible - el arte de ocultar arte. Normalmente me tardo tres días en un relato de mediana extensión - en sesiones de duración variada. No me gusta detener el ritmo de mi pensamiento, así que no dejo que ninguna otra tarea me interrumpa.

Nunca escribo antes de que llegue la demanda de expresión con insistencia. Nada incita mas mi desprecio como el ser forzado o escribir mecánica y comercialmente. ¡A menos que tenga algo que decir, mejor quédese callado! Llevo un diario en el cual anoto nociones raras y tramas para usarlas después, también tengo un archivo de raros recortes de periódico como posible fuente de ideas y toques de color. He encontrado algunos cuentos en sueños reales - los míos son bastante raros y fantásticos. De joven tuve mas pesadillas de las que tengo hoy - a los 6 años solía encontrar regularmente una especie espantosa de demonios del sueño que llamé "demacrados nocturnos". Los he usado en uno de mis cuentos [The Dream-Quest of the Unknown Kadath. Nota del traductor] . Hago mi mejor trabajo entre las 2 A.M. y el amanecer.

Lo que mas pavor me da es transcribir mis manuscritos, ya que aborrezco el sonido de una máquina. No puedo hacer que alguien mas lo haga por mi, ya que nadie puede leer mis manuscritos. En su garabateado, interlineado, y estado corregido continuamente. ¡En ocasiones ni yo puedo descifrarlo!

Ya no queda mucho más que decir acerca del autor o su efusividad!
¡Finalmente, debo disculparme por el presente flujo de senil palabrería! Esta es la manera en que la vejez se presenta cuando se le da la oportunidad de recordar días pasados - especialmente cuando el ambiente no cambia como lo es este ancho río.

Pero el oeste resplandece rojo con un sol que ha partido, y por sobre las antiguas copas de los árboles la delgada hoz plateada de una luna joven se apura. Debo ir a casa...

Ilustración y traducción: Luis Vega.

Fuente: http://web.archive.org/web/20010617222956/www.gizmology.net/lovecraft/autobiography.htm

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